
En este desierto embravecido de arideces humanas, el unico refugio que promete una auténtica bocanada de audaz satisfacción, es la naturaleza; su belleza, su misterioso ser, e incluso su violencia necesaria e inexorable.
El ojo se deleita, el cuerpo reacciona,
teclas y mente armonizan una imagen
tratando de apretujar sensación y percepción.
Entonces, algo logramos parir, que tiene vestigios de eso que sentimos cuando captamos, pero que nunca honra la grandeza de ese momento.
Algo estático que nos provocó sensación de movimiento se eleva como un hato de antiguos pájaros sedientos atrapados en la roca seca y milenaria.
El suelo serpentino cobra vida ondulante y arrastra en sus colores un atardecer seco y silencioso.
Mi cuerpo desnudo de nombres, es amortajado y hundido entre las garras cobrizas de ese inefable reloj antiguo que agita en mi conmocion las arenas interminables.